Historia de Güímar
         
         
   

El Menceyato de Güímar en la etapa prehispánica

Para introducirnos en la historia del actual municipio de Güímar es necesario que nos remontemos a la época anterior a la conquista castellana, puesto que el territorio que hoy conocemos como Güímar estuvo integrado en lo que fue el importante Menceyato del mismo nombre, que existió hasta la finalización de la conquista militar que integró a las Islas Canarias en la Corona de Castilla, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

Según las crónicas, en un comienzo la isla de Tenerife constituyó una sola unidad política o reino que, hasta el momento de la división, estaba, según algunas versiones, bajo la jefatura que el Mencey Thynafart o gran Tinerfe ejercía desde Adeje. No muchos años antes de la conquista, éste dividió el reino, dejando en herencia a cada uno de sus hijos una parte del mismo. Click para agrandarPor lo tanto, cuando los conquistadores de la Corona de Castilla llegan a las islas en el siglo XV, el territorio de Tenerife se encontraba dividido en nueve reinos o menceyatos (Anaga, Güímar, Abona, Adeje, Daute, Icod, Taoro, Tacoronte y Tegueste). De entre ellos, los dos más importantes eran el menceyato de Taoro (en torno al Valle de La Orotava), que aglutinaba a los reinos de la banda Norte de la isla, y el de Güímar, que hacía lo mismo con los del Sur y que tenía una extensión mucho mayor que la del actual municipio de Güímar, englobando parte del de Santa Cruz, El Rosario, Candelaria, Arafo, Fasnia, el propio Güímar y quizá también parte del de Arico . Aunque este dato no está claro, el primer Mencey de Güímar pudo haber sido Acaymo "el moreno", sucediéndole su hijo Añaterve "el listo o el ligero", que sería el que reinara en los años de la conquista de Tenerife por Alonso Fernández de Lugo.

La economía en el menceyato de Güímar, al igual que en el resto de la isla, se basaba principalmente en la ganadería (cabras, ovejas, cerdos) lo que, debido a la amplitud y diversidad de su territorio, daba lugar a desplazamientos estacionales de la población en busca de pastos para el ganado: en invierno, hacia los pastos cercanos a las costas, y en verano, hacia las zonas medias y altas. Estos desplazamientos se veían facilitados por la abundancia de agua que proporcionaban los numerosos nacientes y fuentes que fluían en el territorio del menceyato. Junto a la ganadería, también se desarrollaba la agricultura (cebada) y la explotación de los recursos marinos y forestales.

La importancia que alcanzó el reino se refleja en los numerosos vestigios arqueológicos encontrados: cuevas de habitación naturales y artificiales (Barranco de Herques, Cueva de Chinguaro...), refugios pastoriles, concheros, silos para granos, grabados rupestres, cuevas sepulcrales y necrópolis. Las investigaciones de arqueólogos e historiadores aún distan mucho de haber extraído toda la rica información que este importante legado arqueológico puede proporcionar para el más profundo conocimiento de la historia de Güímar y en general de las culturas prehispánicas de las Islas.

 

El Menceyato de Güímar en la conquista Castellana

De entre todos, el menceyato o reino guanche de Güímar era el que había recibido una mayor actividad evangelizadora previa a la Conquista .En este contexto hay que analizar la repercusión histórica del hallazgo por los guanches de Güímar de la imagen de la Virgen en las playas del Socorro, Chimisay. La imagen fue llevada a la residencia de invierno del Mencey, la Cueva de Chinguaro, donde fue muchos años venerada a su manera por los guanches antes de que fuese trasladada a Candelaria. Los motivos de este traslado no están muy claros pero parece que pudieron tener relación con la necesidad de favorecer el proceso de la Conquista castellana. Esta actividad evangelizadora previa a la Conquista entre los habitantes del menceyato dio lugar a que muchos indígenas recibiesen el bautismo, lo que debió influir de gran manera en las relaciones amistosas que el mencey de Güímar estableció con los conquistadores castellanos.

De todos modos, ésta posición conciliadora del Mencey de Güímar pudo tener igualmente relación con la conflictividad existente entre los diversos reinos guanches, concretamente entre el reino de Güímar y el de Taoro. Las divisiones internas entre los guanches pudieron ser, de esta manera, aprovechadas, por los conquistadores castellanos, tal y como también hicieron en la conquista de América. Güímar fue, por lo tanto, junto con Abona, Adeje y Anaga, uno de los llamados bandos de paces, o sea, de los que no combatieron a los conquistadores sino que, por el contrario, colaboraron con ellos en la tarea de derrotar a los bandos de guerra (Taoro...). Esto no libró a los guanches de paces de ser convertidos en esclavos por los conquistadores, siendo muchos de ellos llevados a la Península -especialmente, a la región Andaluza- a trabajar en las tierras de los grandes aristócratas que habían financiado la conquista. Los que permanecieron ilegalmente esclavizados en las islas fueron posteriormente liberados en torno a 1498, en contra de los deseos del conquistador Alonso de Lugo, mientras que la suerte de los que fueron llevados a la Península fue mucho más incierta y muchos permanecieron en esclavitud.

Tras 1496, finalizadas las operaciones militares de conquista de las Islas, los guanches fueron progresivamente integrándose, de una u otra manera y no sin resistencias, en la nueva sociedad implantada por los castellanos. Fueron muy pocos los indígenas que en Güímar obtuvieron la propiedad de algún trozo de tierra (data) cuando los nuevos gobernadores procedieron al reparto de lo que fue su antiguo territorio. Quizás por esto, grupos considerables de guanches continuaron, en lugares como Guaza, formando núcleos netamente indígenas que habitaban en las cuevas de sus antepasados, y que llegaron a mantener su propia identidad al menos hasta mediados del mismo siglo XVII.

 

Güímar en el antiguo régimen (S. XVI-XVIII)

Los cimientos de la nueva sociedad que se va desarrollar en el término de Güímar se pusieron a partir de los repartimientos de tierras y aguas (datas) realizados por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo tras la finalización de la Conquista, en el primer cuarto del siglo XVI, entre 1499 y 1524. Destacan, entre los beneficiados con datas (tierras de regadío o de secano) los conquistadores castellanos, seguidos por los "canarios" (indígenas de Gran Canaria que colaboraron en la conquista de La Palma y Tenerife), y, por la importancia de las datas que reciben, varios mercaderes italianos que serán los que iniciarán el desarrollo del lucrativo negocio azucarero. Esta actividad se expande en este siglo XVI por algunas islas del Archipiélago y tendrá en Güímar el primer centro productor del sur de Tenerife gracias a la Hacienda y el Ingenio de los hermanos Juan Felipe y Blasino Piombino, o Romano. Los guanches güimareros fueron marginados en todo este proceso de reparto de tierras, apareciendo únicamente dos de ellos entre los que reciben algún trozo de tierra y alguna cueva en lo que fue su tierra ancestral. 

El cultivo y producción azucarera conectará la economía de la comarca de Güímar desde los primeros momentos de la colonización, a las redes del naciente capitalismo comercial europeo, siendo exportado el azúcar a través de compañías de mercaderes italianos, flamencos, castellanos o catalanes, a la Península y a los grandes centros comerciales e industriales europeos (Flandes, Francia...). En este comercio de exportación se utilizó en un principio el puerto de Güímar, aunque fue siendo sustituido por el de Santa Cruz, sin llegar a perder totalmente el puerto güimarero cierta funcionalidad comercial, que retomará en la etapa contemporánea.

La población del Valle de Güímar fue al comienzo del siglo XVI bastante escasa (en comparación con las comarcas del Norte de la Isla, e incluso con lugares como Candelaria). A los que recibieron alguna data de tierra y a los guanches, se sumaron trabajadores portugueses especialistas en la producción azucarera, esclavos para los duros trabajos en el Ingenio (berberiscos del Norte de Africa y negros), etc. En los siglos posteriores se experimentará un relativo crecimiento demográfico, cuando la crisis del negocio azucarero lleva a los grandes propietarios a ir cediendo lotes de tierra a familias campesinas para la explotación cerealística. La construcción a principios del XVII de la ermita de San Pedro del Tanque refleja este crecimiento, que de todos modos no llegó nunca a superar la escasa densidad demográfica de la zona.

La producción de la comarca en esta primera etapa colonizadora, junto a la caña de azúcar, se centrará en la actividad ganadera, al cultivo de cereales y viñas, la producción de miel, etc.

La Hacienda y el Ingenio azucarero de los hermanos Piombino pasará posteriormente, a través de un proceso de expropiación o de venta, a la familia Vargas, que desde Castilla la explotará por medio de administradores y arrendatarios. A través de un proceso progresivo de concentración de tierras, en el que desaparecen muchos de los primeros pobladores que reciben datas, la hacienda de los Vargas se va convirtiendo en una inmensa propiedad. A mediados del siglo XVI, cuando es adquirida por Pedro de Alarcón, tenía una extensión mayor que la del actual municipio de Güímar y además del Ingenio y los cañaverales, contaba con muchas huertas de viñas, frutales (naranjas, limones...), tierras de secano, casas y dependencias agrícolas, ganado, esclavos, etc. Esta gran hacienda se acrecentará posteriormente aún más bajo la dirección de Argenta de Franquis (viuda de Pedro de Alarcón), pasando este patrimonio a los grandes terratenientes que lo poseerán en los siglos posteriores del Antiguo Régimen.

La decadencia de la rentabilidad del azúcar en la segunda mitad del siglo XVI dará paso en los siglos XVII y XVIII a la preponderancia de la vid y del policultivo de abastecimiento interno (papas, millo, trigo, etc.). El valle de Güímar comenzará a desempeñar un papel abastecedor de productos de primera necesidad a otras zonas de la isla, entre las que irá destacándose, sobre todo en el XVIII, una población en expansión como era el puerto de Santa Cruz. Pese a los estragos causados por la erupción volcánica de 1706, que arrasó un importante volumen de tierras dedicadas al cultivo de cereales, los agricultores de Güímar pudieron aprovechar la nueva coyuntura de auge vitícola y de general expansión de las tierras cultivadas que se desarrolla en algunos lugares de las Islas en el siglo XVIII, sobre todo en las comarcas del Norte. Esto dará lugar a un crecimiento económico y poblacional que desmarcará a Güímar del estancamiento en el que se hallan en este siglo los pueblos de las "bandas del Sur" de Tenerife.

Otro renglón económico fundamental del Antiguo Régimen en el término de Güímar va a ser la ganadería, sobre todo la cabra, desarrollándose un pastoreo trashumante muy extensivo que se desplazaba estacionalmente de la cumbre a la costa en busca de pastos, tal y como hicieron siglos atrás los guanches del Menceyato, dando lugar a contradicciones entre ganaderos y viticultores.

La economía de la zona de Agache, por su parte, adquiere relevancia en el siglo XVI y XVII, además de cómo zona de pastoreo, como productora de pez (producto que se usaba para la construcción naval e impermeabilización de techos y canales de agua), lo que fue causa de una intensa desforestación, junto a la explotación fraudulenta del bosque que se desarrolla en todo el término de Güímar. También se irá desarrollando en esta zona la agricultura (vid, cereales, frutales, papas...)

En cuanto a la estructura social, se advierte claramente como desde comienzos del Antiguo Régimen se va a ir configurando en la comarca de Güímar el principal elemento en torno al cual se va a estructurar toda la formación socio-económica del término, o sea, el predominio de una élite de grandes terratenientes feudales, absentistas (no residían habitualmente en el término), que va a monopolizar buena parte de la tierra y el agua. Esta gran terratenencia insular, con propiedades en varios términos, estará en Güímar perfectamente representada en la familia Baulén. Esta familia procedente de la burguesía comercial se irá paulatinamente aristocratizando hasta convertirse en una verdadera Nobleza, con grandes extensiones de tierras vinculadas en mayorazgos (o sea, que no se podían dividir entre herederos ni vender). Heredan la mayor parte de las tierras de Güímar a través del enlace matrimonial de una descendiente de Pedro de Alarcón y de Argenta de Franquis (Clara de la Guerra de Alarcón) con Juan Tomás Baulén de Ocampo.

En el término de Güímar se han contabilizado más de 400 fanegadas de tierra vinculadas en manos de los grandes terratenientes y de la "burguesía" agraria, alcanzando uno sólo de estos vínculos unas 249 fanegadas de tierra. Estas propiedades se irán acrecentando por diversos medios, entre los que destaca la usurpación ilegal y puesta en cultivo de montes públicos, concejiles, sobre todo en el siglo XVIII.

Los grandes terratenientes obtendrán sus grandes riquezas de la cesión de lotes de tierras en régimen de enfiteusis, aparcería, medianería, arrendamiento, etc., a un campesinado pobre sometido a ellos por estas relaciones de servidumbre o dependencia de carácter feudal.

Junto a la aristocracia representada por la familia Baulén, se irá desarrollando también, a lo largo de estos siglos del Antiguo Régimen (siglos XVI-XVIII) y sobre todo en el último de ellos, una importante burguesía agraria, uno de cuyos exponentes más destacados será la familia güimarera Delgado-Trinidad. Estos campesinos acomodados (medianos propietarios, dependientes política y económicamente de los grandes terratenientes) serán los que irán ocupando los nuevos cargos políticos locales creados en el XVIII (alcaldes reales, síndicos personeros, etc.) aprovechando el absentismo de la aristocracia, que no residía habitualmente en sus propiedades de Güímar.

Esta burguesía agraria irá aumentando progresivamente sus patrimonios territoriales por diversos medios, (sin exceptuar las usurpaciones de tierras concejiles, cuya propiedad era del Cabildo de la Isla), constituyendo mayorazgos y explotando sus tierras a través de formas indirectas (medianeros, etc.), tal y como hacía, aunque en mayor medida, la clase aristocrática.

El control de la propiedad de la tierra y el agua de la comarca en tan pocas manos va a ser el origen de un permanente conflicto entre los vecinos de Güímar y los grandes propietarios, que dará lugar a frecuentes litigios que llegarán hasta la época contemporánea (siglo XIX). En 1807 el Síndico Personero de Güímar, Juan Manuel Campos plantea uno de estos litigios en la Real Audiencia contra la expansión ilegal de esta terratenencia, en el que se expresa perfectamente la realidad social de Güímar a fines del Antiguo Régimen: 

"Que desde hace muchos años el vecindario de Güímar, está sufriendo el que diversos herederos que se dicen ser de Pedro Alarcón, están en la detentación goce y disfrute de inmensos terrenos; que todos ellos comprehenden y se denominan del Valle de Güímar y su jurisdicción, cuyos vecinos se hallan privados de ellos y del derecho que les compete por razón de pobladores, no siendo otra cosa que unos colonos enfiteutas; a pretexto de una Data que el vecindario de Güímar, comprende nula y viciosa, como lo manifestará en su día; no sólo disfrutan de aquella cantidad de terrenos que contiene el viciado documento de que se hacen, sino que siendo este muy corto, prevalidos de su prepotencia han extendido su dominio a todo el territorio de Güímar, diciéndose señores de él, sin justo título, ni derecho que tengan para ello, oprimiendo a aquellos naturales y siguiendo contra ellos rigurosas execuciones"

La conflictividad que esta realidad va a generar tendrá en algunas ocasiones episodios de especial tensión, como el del motín de 1810. En ese año, la expulsión del Corregidor que había venido desde La Laguna por unas supuestas irregularidades en la elección del Alcalde, por parte de unos 100 vecinos de Güímar armados con palos, parece tener como trasfondo precisamente estas contradicciones entre grandes terratenientes y vecinos por la propiedad y el disfrute de tierras y aguas.

 

Güímar en la edad contemporánea

Siglo XIX

Los siglos XIX y XX no van a suponer en Güímar, al igual que en otros muchos lugares de España, ninguna ruptura radical con las tendencias que venían desarrollándose desde el Antiguo Régimen. La nueva realidad resultante del convulso proceso de revolución liberal que tiene lugar en el siglo XIX en España, sigue erigiéndose sobre los cimientos de la gran propiedad de la tierra. Los grandes propietarios agrícolas del Güímar liberal continuarán en los siglos XIX y XX disfrutando de un claro predominio social y político, tal y como sucedía en los siglos anteriores.

En la primera mitad del siglo XIX esta preponderancia económica y social continuará hegemonizada por la familia Baulén y sus herederos. El pleito que sostiene contra ellos el municipio de Güímar desde 1807 concluye con la sentencia del 7 de diciembre de 1815, que confirma a los Baulén en la propiedad de las tierras, por lo que los vecinos debían pagar, "desde hoy en adelante con la mayor puntualidad y exactitud su respectivo censo perpetuo o enfiteusis y las desimas que se causen ...". Los vecinos de Güímar obtenían, eso sí, la propiedad de los dos tercios del agua del Barranco de Badajoz.

Click para agrandarEn 1830 se llega a un acuerdo entre el Ayuntamiento y los vecinos con los Baulén, siendo retirada la apelación a la sentencia de 1815 que los primeros habían presentado. Los Baulén, por su parte, perdonan al vecindario las cantidades que les adeudan en concepto de "tributos a que están afectos los terrenos que a los dichos censualistas tocan y pertenecen ...", "excluyendo (...) los que pertenecen al Mayorazgo fundado por Ana Valcárcel de Lugo que el dicho D. Miguel Baulén posee actualmente". Éste y Florentina Yansen se reservan el derecho a "enajenar dicha enfiteusis cuando y como le convenga a favor de los mismos censatarios enfiteutas...." La condición para que se lleve a efecto esta condonación parcial de las deudas consiste en que el Ayuntamiento y los vecinos cumplieran fielmente la sentencia, o sea, que a partir de ese momento pagaran "religiosamente" las rentas a las que estaban sujetos. Como vemos, la realidad no había cambiado mucho con el nuevo siglo.

Sin embargo, durante la segunda mitad del XIX y en las primeras décadas del siglo XX los herederos de estos grandes terratenientes provenientes del Antiguo Régimen van a irse desprendiendo de buena parte de estas propiedades, dejando ahora el terreno despejado para el definitivo encumbramiento de esa burguesía agraria que ya desde el siglo XVIII despuntaba, pero cuyo ascenso se veía limitado por el peso de la gran propiedad feudal.

No obstante, esta pérdida de importancia relativa de los Baulén en cuanto que propietarios agrícolas no será total, por lo que importantes individuos de este apellido figurarán todavía en el primer tercio del siglo XX con importantes propiedades en Güímar (Edelmira González Baulén, los hermanos Cáceres Baulén, etc.)

Click para agrandarLos siglos XIX y XX verán, sin embargo, el triunfo de esas nuevas familias provenientes de la burguesía agraria, preparadas ya desde hacía tiempo para ocupar el espacio ahora dejado por la aristocracia. Familias como la de los Delgado-Trinidad, en ascenso desde el siglo anterior, se van a convertir ahora en nuevos grandes terratenientes de Güímar, llegando incluso a entroncar con la Nobleza insular gracias al matrimonio de Francisca Delgado-Trinidad O'Shee con Luis Francisco Benítez de Lugo, VIII marques de la Florida.

En el importante crecimiento del patrimonio territorial de esta burguesía agraria, van a continuar jugando un papel importante en el siglo XIX, como en el siglo anterior, las apropiaciones clandestinas del monte, siendo este un tema habitualmente tratado en las sesiones del Ayuntamiento. Hay que recordar en este punto que, varios años antes de llegar a la alcaldía, era precisamente José Domingo Delgado Trinidad el que ocupaba el cargo de guarda mayor de los montes públicos de esta localidad.

Al final de la Guerra Civil, en 1939, este proceso de engrandecimiento patrimonial había llevado a los herederos de la marquesa viuda de la Florida (Julio Fuentes Serrano y María Teresa Cúllen Ossuna), a la posesión -sólo en Güímar- de más de 500 hectáreas, igual que los hermanos García Rodríguez (Elicio, Abelardo y Gumersindo); tras ellos, el resto de los grandes terratenientes del municipio: Pedro Pérez Delgado (casi 190 Has.), los herederos de Pedro Díaz Díaz (más de 95 Has.), Juan Vicente Mandillo y Severa Duque Tejera (70 Has.), José Fumero Pérez (66 Has.), etc.

El reverso de esta moneda, obviamente, estaba formado por la gran masa de campesinos minifundistas güimareros, cuyas escasas propiedades les obligaban a trabajar las tierras de los grandes terratenientes como medianeros, arrendatarios o simplemente como jornaleros.

Este desigual reparto de la propiedad de la tierra estará en la base de las periódicas oleadas migratorias que, principalmente en las épocas de crisis, expulsaron a volúmenes considerables de güimareros hacia tierras americanas (Cuba, Venezuela, etc.)

Esta realidad no variará esencialmente en el proceso de revolución liberal del siglo XIX, a pesar de la repercusión que en este municipio tuvieron la desvinculación de los mayorazgos -que acelera el camino de la mercantilización de la propiedad agraria- y el fenómeno desamortizador.

La supresión de órdenes religiosas y la "Desamortización eclesiástica" promulgadas por Mendizábal en 1835-36 no tuvo gran incidencia en cuanto a incautación y venta de tierras (12,76 Has.), aunque, eso sí, proporcionó al Ayuntamiento el edificio en el que hoy se halla, que hasta esa fecha había sido un convento dominico. Por el contrario, la "Desamortización civil" de Madoz, iniciada en 1855 y prolongada a lo largo del resto del siglo XIX, tuvo significativa repercusión en este municipio, pasando a manos privadas unas 1.374 hectáreas de los bienes de propios (municipales). Güímar fue, por lo tanto, el segundo municipio de la Isla, tras Fasnia, en el que la "Desamortización civil" tuvo mayor significación territorial, aunque no supuso ninguna modificación esencial en cuanto al desequilibrado reparto de la tierra.

El principal comprador de bienes desamortizados de Güímar fue Santiago González Méndez. Otros individuos destacados de la localidad que también realizaron compras fueron Tomás de la Cruz Delgado, José Francisco Trinidad, etc.

El ascenso de la nueva clase terrateniente en el terreno económico y social hallará su correspondencia en el control que, directa o indirectamente, ejercerá sobre las nuevas instituciones generadas por la legislación liberal del siglo XIX, principalmente sobre el Ayuntamiento.

Destacados personajes como José Domingo Delgado-Trinidad ilustran perfectamente este control político de los nuevos terratenientes, detentando frecuentemente la alcaldía -además de otros cargos como el Juzgado de Paz- entre 1840 y 1863, año en que fallece. Algunos individuos de esta nueva terratenencia constituirán verdaderas dinastías políticas. Una de las más destacadas será la de los Cruz que, con tres generaciones -Tomás Cruz Delgado, Tomás Cruz Rodríguez y Tomás Cruz García- y más de 100 años de presencia política local, llegará a trascender el marco estrictamente municipal para llegar a la representación insular e incluso nacional (Tomás Cruz García)

En cuanto a la producción agrícola, hay que resaltar como, junto a la agricultura de mercado interno (cereales, papas, frutales, etc.) que sigue siendo básica, los siglos XIX y XX van a ver el surgimiento y expansión de nuevos cultivos de exportación que vendrán a dinamizar la economía güimarera contemporánea. A mediados del XIX este papel fue desempeñado por la cochinilla, demandada como colorante por la industria textil europea. Sin embargo, en los años 70 de ese mismo siglo, la expansión de los colorantes sintéticos reducirá significativamente esta demanda y la economía de Güímar, como la del resto del Archipiélago, se verá abocada a la crisis y el campesinado a la emigración americana, principalmente a Cuba.

Las plagas de langosta, como las de 1896, 1904, etc., vinieron, además, a empeorar aún más la difícil vida del campesinado güimarero.

El tabaco y, sobre todo, el azúcar -que reaparece de nuevo en la economía de Güímar tres siglos después de su expansión del XVI- serán las alternativas por las que optarán los terratenientes isleños en su intento de superar la crisis del último tercio del siglo XIX. En este contexto se desarrollaron en Güímar tres nuevos trapiches (industrias azucareras), pertenecientes a las familias Jorge Castellano, Hernández Marrero y Ossuna Saviñón.

El turismo, que a finales del siglo XIX comienza a interesarse por estas Islas y que tuvo su centro en el Valle de La Orotava, encontró también en Güímar un área interesante para su desarrollo, por su atractivo climático y paisajístico. Para servir a esta novedosa actividad económica se habilitaron o construyeron en esta localidad varios establecimientos. El pionero fue el Hotel del Buen Retiro, habilitado a partir de 1889 en la casa de la Marquesa viuda de la Florida, y a él se sumaron un sanatorio alemán - posteriormente convertido en pensión-, y la Casa de la Raya (con el nombre de Sunny Side). Décadas después vinieron la fonda de El Escobonal (1920) y la Fonda Medina (1928), en el casco de Güímar.

Siglo XX

Hubo que esperar hasta las primeras décadas del siglo XX para que se produjera un nuevo auge económico importante en el municipio. La alianza de la terratenencia local con el capital extranjero dará lugar a la expansión del cultivo del tomate, la papa temprana y, en menor medida, el plátano, que estarán en la base del proceso de modernización que tiene lugar en Güímar en estos años: llegada de la carretera del Sur a El Escobonal (1897), instalación de las primeras sucursales bancarias, crecimiento del parque automovilístico, constitución de la "Hidroeléctrica de Güímar" (1929), creación de casinos y centros culturales, etc.

El auge económico que se va dar en Güímar se va a reflejar en la expansión del subsector exportador. La extensión de la superficie destinada al tomate a finales de los años 20 rondaba las 150 hectáreas. 10 años más tarde ya se había duplicado. Igualmente, las 14 has. que ocupaba el cultivo del plátano al finalizar la segunda década, llegaban en 1939 a las 53 has.

Siendo los cultivos de exportación cultivos de regadío, el auge de este subsector conlleva el desarrollo paralelo de las infraestructuras hidráulicas y, fundamentalmente de la perforación de galerías, que, aunque existían ya desde la última parte del siglo XIX, en la primera mitad del XX tendrán un crecimiento importante.

Este auge de la agricultura de exportación va a dar lugar también a la anhelada construcción del desembarcadero del Puertito de Güímar (1927), pese a que, finalmente, la obra no tuvo la utilidad que se pretendía.

La necesidad de mano de obra barata que hiciera posible esta expansión agrícola de las primeras décadas del siglo XX, va a dar lugar a que Güímar reciba considerables aportes inmigratorios procedentes, fundamentalmente, de las Islas de Lanzarote y Fuerteventura (los jamaiquinos) y de los pueblos limítrofes (Fasnia, Arico y Granadilla). Tras la guerra civil se va a reproducir el mismo fenómeno, pero en esta ocasión se tratará principalmente de inmigrantes procedentes de La Gomera. Esto contrastará con la corriente emigratoria que, paralelamente, se desarrolla desde los críticos años de la posguerra y que se dirigirá mayoritariamente hacia la república venezolana.

No obstante, todo este contradictorio movimiento tendrá una importante incidencia en el volumen de población del municipio. Si a finales del siglo XIX el número de habitantes de Güímar ya era lo suficientemente significativo como para que se le concediera el título de Villa (28 de junio de 1900), el crecimiento demográfico se agudizará aún más en las siguientes décadas, pasando de los 5.120 habitantes que tenía en 1900 a los 8.815 de 1930 y a los 10.374 de 1940. Por lo tanto, en tan solo 4 décadas se duplica la población, consolidándose esta localidad, en esta primera mitad del siglo XX, como el municipio más poblado y de mayor dinamismo económico de la vertiente sur de la Isla. Esta realidad quedó refrendada en 1961 con la concesión del título de Ciudad (17-11-1961).

Todo este proceso de modernización económico y social que experimenta el municipio de Güímar en las primeras décadas del siglo XX tuvo lugar, como contrapartida, gracias a las duras condiciones de trabajo a las que fueron sometidas las clases trabajadoras por parte de los grandes propietarios agrícolas.

Estas duras condiciones -en muchas ocasiones teñidas de un carácter semiservil- eran mantenidas a través del aparato caciquil con el que las fuerzas vivas de la localidad reinterpretaban el ordenamiento constitucional, en teoría, vigente. La corrupción, el pucherazo, la coacción y otros mecanismos de similar naturaleza se adueñaban de las instituciones políticas, tal y como sucedía a lo largo y ancho del territorio nacional.

En la tercera década del siglo, la combinación de una serie de factores diversos (crisis económica, revolución socialista en Rusia, etc.) con un trasfondo como el que hemos descrito, dará lugar a una gran agudización de las contradicciones sociales. En el período anterior esta conflictividad tenía distinta naturaleza, más bien de carácter antifiscal, como ejemplifica perfectamente el motín anticonsumos de El Escobonal en 1891, que tuvo que ser reprimido por las fuerzas del orden. En los años 30, sin embargo, las luchas sociales adquieren otro carácter.

El 15 de abril de 1931 se izaba en el Ayuntamiento de Güímar la bandera republicana, sólo un día después de que fuese proclamada en Madrid la nueva forma de gobierno. En el mes siguiente se fundaba aquí la primera agrupación obrera, que surgía para defender los intereses de las clases trabajadoras y que vinculaba a la Villa de Güímar a la gran oleada reivindicativa que se extendía por el conjunto del Archipiélago y de la nación.

Poco tiempo después tenemos ya noticias de las primeros conflictos. En mayo de 1931 los obreros del campo y de los empaquetados de Güímar se declararon en huelga en reivindicación del cumplimiento de la jornada de ocho horas, del mantenimiento de los jornales y de la readmisión de los obreros despedidos. Aunque los trabajadores en esta ocasión consiguieron rápidamente sus objetivos, la actitud de los propietarios ante la posición cada vez más combativa de la clase obrera fue la de elevar también su grado de organización y defender, de esta manera, con mayor fuerza sus cuestionados intereses económicos. Fue precisamente un güimarero, Tomás Cruz García -alcalde de Güímar hasta la proclamación de la II República, durante la dictadura de Primo de Rivera, jefe de la Patronal tinerfeña y miembro de la masonería- el que fue elegido en 1933 diputado a Cortes por la derechista Acción Popular Agraria.

La situación se fue radicalizando en todo el país durante la corta existencia de la República. En octubre de 1934, coincidiendo con la insurrección obrera de Asturias, tuvieron lugar en Güímar varios atentados con explosivos -sin víctimas- a las que siguió el intento de quemar el Ayuntamiento, cuyas puertas llegaron a arder.

Esta radicalización de la situación social y política, que desbordaba ya la operatividad del entramado caciquil de los propietarios, llevará a los militares a la salida del golpe de Estado que da comienzo a la Guerra Civil.

La derrota de las izquierdas en esta contienda bélica permitirá a los grandes propietarios de la tierra de Güímar mantenerse con tranquilidad en su privilegiadas posiciones durante el régimen franquista. A mediados de los años 50 la hegemonía de estos era clara. Aberlardo García Rodríguez llegaba ya las 600 Has., los herederos del patrimonio de los Delgado-Trinidad (María Teresa Cúllen Ossuna) conservaban aún más de 388 Has., Hipólito y Florentín Castro Díaz (destacados exportadores de tomates y papas) unas 170 Has., etc. La medianería continuó siendo, tras la Guerra Civil, la más característica forma de explotación de la tierra, aunque también trabajaban peones en las fincas mayores.

Esta estructura de la propiedad pervivió esencialmente a lo largo del franquismo. A comienzos de los años 70, de las 3.282 explotaciones agrícolas censadas en 1972, un 76% (2.494) no llegaba a la extensión de 1 Has.; un 21,5% (707) tenía entre 1 y 4,9 Has.; un 1,4 % (46) tenía entre 5 y 9,9 Has. y sólo un 1,1 % (34) tenían más de 10 Has. Por lo tanto, unos pocos propietarios poseían una gran superficie agrícola, mientras la gran mayoría de campesinos disponía de mínimas parcelas que no les permitían la subsistencia sin trabajar, además, en las tierras de los grandes propietarios.

Se produce, eso sí -una vez superada la crisis de la posguerra-, una importante expansión de la agricultura de exportación y de la perforación de galerías y pozos sin la cual dicha expansión no hubiese sido posible.

La superficie dedicada al cultivo del plátano -aunque ésta no fue nunca una zona especialmente apta para este producto- casi se triplica, pasando de las 53 Has. de 1941 a las 146 Has. de 1982, año en el que se llega a una producción de 5.920.000 kilos.

En cuanto al tomate, que continuará siendo el principal renglón económico del municipio, la superficie plantada en 1938 era de 324 Has., lo que hacía de Güímar el mayor productor tomatero de Tenerife. En 1977 había llegado a las 522 Has., siendo únicamente superado por la gran producción de Guía de Isora. A partir de aquí, sin embargo, tendrá lugar una drástica reducción de la superficie dedicada a este cultivo, lo que está relacionado en parte con el surgimiento del Polígono Industrial Valle de Güímar, que ocupó una parte destacada de los terrenos plantados anteriormente de tomates. En 1982 el municipio tenía censadas únicamente 38 Has., siendo superado ahora, por supuesto, por el resto de municipios productores del Sur. De esta superficie, en los años 90 sólo quedarían 9 Has.

La década de los 70 supondrá además la expansión del cultivo del aguacate, que se llegará a convertirá en el principal producto de exportación de Güímar en cuanto a superficie plantada (129 Has. en 1995).

Con respecto al agua que permitiría poner en regadío la creciente superficie dedicada a los cultivos de exportación -sobre todo al tomate-, en los años 70 se habían llegado a perforar 16 pozos, de los que 9 aún producían agua en esa década. En cuanto a las galerías, las 33 existentes -16 con agua- suponían nada menos que 83,2 Km. perforados.

Sin embargo, las transformaciones económicas que tendrán lugar en las Islas en los años 60-70 -que estudiamos en el capítulo de economía- van a modificar radicalmente la realidad económica de esta localidad. La agricultura, tanto la de exportación como la de mercado interno, van a perder buena parte de su tradicional importancia, mientras que otras actividades (secundarias y, sobre todo, terciarias) van a absorber la mayor parte de los recursos humanos y de capital.

Estas transformaciones coincidirán, más o menos, con la transformación política que tiene lugar tras la muerte de Franco en 1975 y el comienzo de una nueva etapa democrática en la historia de España, que en Güímar será encabezada por Pedro Guerra Cabrera como primer alcalde constitucional de este período.

 

Bibliografía

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Otras fuentes consultadas
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  • Cuadernos de la Contribución rústica y pecuaria (varios años).
  • La Prensa, 12-5-1931.
  • La prensa, 11-10-1934.
  • Libros de Sesiones del Ayuntamiento de Güímar, 1838-1939.
  • Pleito de las aguas entre la familia Baulén y el Ayuntamiento de Güímar y pueblo de Gúímar, 1831.
  • Refundición del Amillaramiento de la riqueza rústica y pecuaria de este término municipal. Güímar, 1939.

José Manuel Rodríguez Acevedo
Licenciado en Geografía e Historia

 

   
         
   

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