La restauración de los murales de la Fonda Medina, llevada a cabo por el Excmo. Ayuntamiento de Güímar, a través de su Concejalía de Cultura y Patrimonio Histórico, dirigida por David Román Escobar, y el Cabildo Insular de Tenerife, mediante convenio de colaboración como parte del Plan de Patrimonio Histórico, saca a relucir el trabajo original del gaditano Manuel López Ruiz.

Este proceso de restauración y conservación, ejecutado por la empresa In Situ Conservación y Restauración S.L.U., con Nieves Luisa Cabrera Castro y Domingo Cabrera Benítez al frente, daba comienzo el pasado mes de septiembre con un minucioso trabajo de laboratorio con tomas de muestras y analíticas necesarias.

En la actualidad, se encuentran trabajando en la retirada de elementos que han escondido la pintura original, como son el barniz, el cual ha amarillado el color, los múltiples repintes ejercidos a lo largo del tiempo o el empapelado de la superficie total policromada a tratar (122 m²), que, según comentan los propios restauradores, «se preveía que fuera un 60% de la superficie total, pero hemos podido comprobar que los daños son más grandes, debiendo sentar la policromía al muro casi al 100%, ya que el papel ha ejercido de arranque de la pintura, trabajando en todo momento en preservarla y adherirla al muro».

 

«Gracias a este trabajo estamos viendo cómo trabajaba él, con colores muy líquidos, pinceladas rápidas y veladas, no pastosas, aun siendo al óleo, da semejanza a una acuarela. Además, hay que recordar que este trabajo lo hizo para pagarse la estancia y la comida, a modo de trueque, por lo que no contaba con grandes materiales, trabajando incluso directamente sobre el muro sin una preparación previa, motivo también por el que se ha perdido gran parte de su trabajo. Aun así, todavía hay mucho López Ruiz debajo de estas capas y que será recuperado para que todos podamos disfrutar de él» – añade Nieves Luisa.

Cabe recordar que estos murales datan de principios del siglo XX, un trampantojo que simulaba exterioridad representando diversos enclaves del Valle de Güímar, estando ubicados en lo que era conocido como el comedor de la Fonda Medina, dando vida a los viajeros que se encontraban de paso.